¿Por qué creo en esta lucha?

Ahora que la huelga universitaria parece llegar a su fin, al menos en cuanto a los objetivos a corto plazo, me gustaría compartir uno de los muchos textos maravillosos que se escribieron durante la intensa jornada. Espero que coincidan con mi criterio.


por Mariana Muñiz Lara

estudiante tercer año de derecho/graduanda

Soy estudiante graduanda de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Me voy a graduar con un excelente promedio y muchos puntos atractivos en mi resumé. Ya pagué los $1,000 del repaso para la reválida, que pienso tomar en septiembre. Tengo una buena oferta para comenzar a trabajar el 1 de octubre. Con este cuadro, a muchas personas –algunas me lo dicen con admiración, otras con incredulidad y otras desilusionadas- les parece ilógico que apoye la huelga estudiantil, que tiene muchos reclamos válidos, y el más importante de éstos es la derogación de la Certificación 98 de la Junta de Síndicos de la UPR, que pretende que estudiantes que reciben ayuda económica (entiéndase, beca federal Pell) no puedan recibir también exenciones por mérito académico o talento ni otros incentivos económicos. Estoy en mi último año en la UPR. Los/as estudiantes graduados/as no recibimos beca Pell (aunque sí hay una ayuda económica de $1,000 llamada beca legislativa que, desde antes de la Certificación 98, se le niega a quienes reciben exención de matrícula por ser ayudantes de cátedra e investigación). Los estudios en Derecho que me podrían interesar realizar luego de obtener mi Juris Doctor no se ofrecen en Puerto Rico. ¿Por qué apoyo la huelga si, después de todo, no me afectarán los recortes propuestos y no me voy a beneficiar directamente de los acuerdos que se logren? Sigue leyendo

La agenda de los encapuchados

por José Rivera Santana
planificador y exdirigente estudiantil

Ya en el año 2008, la Coalición del Sector Privado, compuesta por un sector de los grandes empresarios locales y foráneos, recomendó públicamente “rebajar el subsidio de la Universidad (de Puerto Rico) y aumentar el costo de la matrícula”.

Ya en el año 2008, la Coalición del Sector Privado, compuesta por un sector de los grandes empresarios locales y foráneos, recomendó públicamente “rebajar el subsidio de la Universidad (de Puerto Rico) y aumentar el costo de la matrícula”. La mayoría de los integrantes de esa coalición de privilegiados actúa en el anonimato público. Como los encapuchados, ocultan sus rostros.

Sin embargo, sus propuestas para enmendar la Ley de Cierre, derogar el sistema de permisos, para privatizar agencias, desmerecer el servicio público y reorganizar el Gobierno central han sido complacidas por la Legislatura y el Ejecutivo. De su pliego de reclamos aún faltan dos asuntos importantes por satisfacer: la reforma laboral y la Universidad de Puerto Rico (UPR). Sigue leyendo

SOBRE LA UNIVERSIDAD Y LOS POLÍTICOS: RESPUESTA A YGRÍ RIVERA

por Zoraida Santiago Buitrago

Que no se llame nadie a engaño: los políticos nunca respetarán la autonomía universitaria, mientras la Universidad y el país se lo permitan. Para comprender las formas mediante las cuales los partidos políticos, a través de las estructuras del estado que controlan, ejercen efectivamente su poder sobre la Universidad, debemos identificar los lugares a través de los cuales se realiza ese ejercicio. Uno de ellos es el presupuesto. Es por esa razón que se determinó hace años que el presupuesto universitario se regiría por una fórmula invariable que evitaría que la institución fuera víctima de los deseos de los políticos. Pero nadie imaginó que algunos maquiavelos modernos inventarían el truco que daría al traste con la fórmula. Sigue leyendo

Los profesores en la mirada

por Rubén Ríos

El País ha amanecido hoy con una noticia alarmante para el futuro de la educación universitaria y, más aún, para el futuro de nuestras instituciones democráticas. El día en que se suponía que la alta administración del sistema universitario público sostendría una reunión para reanudar las negociaciones con el Comité Negociador Nacional, nos enteramos que la Universidad (léase la Administración) ha incoado una demanda por daños y perjuicio contra los principales estudiantes organizadores de la huelga que está a punto de cumplir un mes. Esta represalia violenta y desafiante no hace sino corroborar, para desgracia de todos, que las altas autoridades universitarias conspiran, en común acuerdo con la administración política de turno, para desmantelar la Universidad según la hemos conocido hasta la fecha. Ya no se trata meramente de lograr el fin de huelga para que abra la Universidad. Se trata de que la Universidad a la que entraremos cuando termine la huelga será, y de muchos modos ya es, otra.

Las señales de este proceso han estado viéndose desde hace tiempo. La contracción económica, que afecta a la comunidad global, se ha convertido para nosotros en un dispositivo para ejecutar un estado de excepción que le provee al estado el poder y la libertad de movimiento para realizar despidos masivos, imponer contribuciones onerosas, autorizar privatizaciones de edificios, servicios e instituciones y ejercer un control inédito hasta ahora a nombre de la supuesta frugalidad fiscal y al amparo del estado de emergencia.

La Universidad se ha convertido en la piedra de toque de esta táctica neo-fascista. El proceso lo ha hecho mucho más fácil una estructura directiva de decanos, directores y rectores que, funcionando como un cuerpo gerencial, ha ido desvinculándose progresivamente de su deuda primaria con los pares, olvidando que un lider académico no es sino un primus inter pares, un primero entre pares, distinto de ellos por razón de una diferencia de grado, no de clase. Con el aval de esta estructura gerencial, la pirámide decisional convierte al claustral en el receptor pasivo de una cultura académica degradada. La erosión sistemática de todas aquellas instancias que nutren y enriquecen la vida universitaria creativa: los libros, los viajes de investigación, las sabáticas, los ascensos en rango, el cupo de las clases, los descargues de tarea docente para realizar proyectos, todo se ha ido eliminando de un zarpazo en nombre de la contracción económica. Lo que queda de este desmantelamiento sistemático es un escenario idéntico a lo que el filósofo eslovenio Slavoj Zizek ha llamado el desierto de lo Real: el hoyo negro con que la lógica siniestra del goce del capitalismo salvaje engulle y aniquila la potencia del porvenir. Y la Universidad, para el mundo, y de un modo tan urgente, para Puerto Rico, ha sido nuestra brújula del porvenir. Es a través de ella que este País ha concebido todo su proyecto de modernización, y ha sido en su seno que se han lidiado sus polémicas más productivas, sus conflictividades más creadoras, sus antagonismos más radicales. Porque una Universidad le permite a un País convertir sus rencillas viciosas en antagonismos profundos por medio de la lógica civilizadora del diálogo.

En estos momentos aciagos, esa lógica dialógica ha provenido, con gallardía y arrojo, del movimiento estudiantil, que durante casi ya un mes ha desplegado, ante la mirada conmovida de tantos de nosotros, un experimento inédito de la imaginación al poder, una apuesta por el ejercicio de la creatividad como instrumento de seducción. La grandeza de este movimiento huelgario ( y no todas las huelgas son grandiosas; algunas pueden ser vulgares y mezquinas) no tiene tanto que ver con la sustancia de sus reclamos. Bien mirada, la derogación de la Certificación 98 es un reclamo modesto, que no debió de haberle tomado a la administración más de 48 horas en zanjar. Es una Certificación mal pensada, o maliciosamente pensada, altamente cuestionable, hasta para el más insípido espíritu conservador. La grandeza de esta huelga no radica en sus contenidos (que defiendo completamente) sino en su Forma. Este ha sido el primer acto de resistencia política decididamente per-forma-tivo en la historia de la resistencia del País. Y no se trata sólamente de los abundantes hechos de arte que han constituido la cotidianidad de la toma del Recinto: lecturas de poesía de poetas altamente reconocidos junto a jóvenes poetas estudiantiles, obras teatrales, murales, pantomimas, eventos musicales. Hace ya varias semanas que el Recinto se ha convertido en la más inmensa plataforma de espectáculo que hayamos tenido. Cuando digo performático me refiero también, y sobre todo, a lo político como acción de arte, a esa política que es más acto que pronunciamiento, más circunstancia que resolución, esa política más abocada al abrazo del evento que al pronunciamiento totalitario. Es esa apertura performativa del evento la que ha hecho posible que en el interior y alrededor de los portones del Recinto tomado se hayan dado cita, frente a la mirada entre desafiante y seducida del aparato represivo militar, la más diversa fauna estudiantil: los ecologistas sembraron su huerto, la comunidad LGBTT ondea su bandera multicolor, los periodistas atienden con celo su flamante estación de radio, y otros tantos construyen barreras más simbólicas que literales frente a los portones, barreras que parecen más bien instalaciones de arte, objetos enrarecidos para la mirada, fruto del deseo de protegerse de la violencia represiva, sí, pero también del deseo de expresar las formas inapresables de esta nueva Forma.

El Claustro hace mal si insiste en desatender las peculiaridades de este evento. Hace mal si piensa que sus problemas obligan a una introspección paralela, que nos dirija a nuestras singularidades, evitando perder demasiado tiempo en lo que, a fin de cuentas, a la larga, se convertirá en una distracción pasajera. Esos estudiantes no son, no han sido otra cosa, a lo largo de estos días, que aquello que oyeron en muchas de nuestras lecciones. Ellos son lo que nosotros decimos. En medio del paisaje complejo que conforma el escenario del Recinto tomado, en un campamento de profesores, no se me hace tan difícil imaginarme a un Michel Foucault, a un Gilles Deleuze, a un Jean Paul Sartre, a una Simone de Beauvoir mirándonos entre ellos, emplazando, desde sus trincheras, nuestra ética del pensar.

La coyuntura de esta huelga ha producido, por fin, después de casi un mes, una auto-convocatoria del Claustro que pudiese ser tan importante como la última asamblea de los estudiantes. La idea de una clase profesorial constituida como un cuerpo en respuesta a un asalto tan descomunal como éste no solo puede, sino que tiene que estar a a altura de los acontecimientos. Este viernes en la mañana la mirada del país, y de un modo mucho más entrañable y trascendental, la mirada de nuestros estudiantes, estará puesta sobre nosotros. Ojalá y que nos comportemos a la altura de esa mirada.

La Universidad y su futuro

Por fin el país pasa por una seria confrontación con sus realidades profundas. Acostumbrados a la rutina de la impunidad del poder, muchos puertorriqueños sentían que ya nada se puede hacer para salir de las crisis, de la desigualdad y de la mediocridad de nuestros procesos políticos. Los estudiantes universitarios han venido a despertarnos y a demostrar que la revolución del futuro pasa por la conquista, no necesariamente de la Fortaleza, sino de los valores más preciados de la humanidad: libertad, solidaridad, compasión, justicia.

Para afinar la perspectiva de esta coyuntura se abren nuevos espacios de información. Además de los ya conocidos: DESDE ADENTRO, RADIO HUELGA, DIÁLOGO DIGITAL, se suman ahora CATEDRA EN ACCIÓN, blog de la APPU, y UPR ES UN PAIS, que sirve como puente de comunicación entre todos los recintos universitarios.

En las pestañas de este blog he abierto una página (UPR) para ir incorporando los textos de reflexión más importantes de este proceso. Entre ellos, recién incorporo el llamado que hizo Eduardo Galeano a las autoridades gubernamentales de Puerto Rico. Además, la profesora Aurora Lauzardo rompe el mito de la “irrelevancia” de la UPR. El profesor Rody Popelnik hace énfasis en lo inmediato.  Y el ya publicado aquí mismo de Marcia Rivera que nos permite una perspectiva internacional.