Sobre el presente y el porvenir del periodismo

Recién publica la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia un extenso y puntual trabajo de investigación sobre el estado actual de la industria periodística y su futuro. No sólo hay datos escalofriantes, sino también conclusiones y llamados tipo “manifiesto”.

La suerte está echada. No hay la más mínima posibilidad de sobrevivir sobre la base de los esquemas del pasado, entre los cuales obligaba, para tener éxito de tráfico o circulación, contar con una cantidad enorme de recursos económicos anclados en la publicidad. “Ad Based Journalism is Dead”, se concluye.

Tres párrafos de la nota introductoria nos ofrecen una idea del perfil de este trabajo:

This essay is part survey and part manifesto, one that concerns itself with the practice of journalism and the practices of journalists in the United States. It is not, however, about ‘the future of the news industry,’ both because much of that future is already here and because there is no such thing as the news industry anymore.

There used to be one, held together by the usual things that hold an industry together: similarity of methods among a relatively small and coherent group of businesses, and an inability for anyone outside that group to produce a competitive product. Those conditions no longer hold true.

If you wanted to sum up the past decade of the news ecosystem in a single phrase, it might be this: Everybody suddenly got a lot more freedom. The newsmakers, the advertisers, the startups, and, especially, the people formerly known as the audience have all been given new freedom to communicate, narrowly and broadly, outside the old strictures of the broadcast and publishing models. The past 15 years have seen an explosion of new tools and techniques, and, more importantly, new assumptions and expectations, and these changes have wrecked the old clarity.

Aquí el enlace conducente a esta importante investigación: The Transformation of American Journalism Is Unavoidable.

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De saltar muros, el elefante y la estaca: una reflexión sobre el triunfo de la huelga estudiantil en Puerto Rico

“Venimos arrastrando generaciones y generaciones de conformismo”

por Anayra O Santory Jorge
El movimiento estudiantil en Puerto Rico, aparentemente salido de la nada infecunda de los filósofos, ha triunfado.  Su pliego petitorio, concedido en buena medida.  Aunque vencedores en un conflicto que se extendió por dos meses, con gracia y humildad característicos quieren repartirnos el triunfo como hasta ahora han repartido el pan: entre todos.  Gracias a esta huelga, una de las más largas en la historia moderna del país, los(as) estudiantes de la Universidad de Puerto Rico mantendrán sus becas por méritos, pospusieron una duplicación en el costo de la matrícula y han detenido los castigos sumarios contra sus compañeros(as) de lucha.  Queda en el tintero de los acuerdos el sencillísimo reclamo de toda la comunidad universitaria por mayor transparencia presupuestaria y mecanismos para discutir soluciones a las frágiles finanzas de la universidad.

Sin embargo, el país entero sabe que la conquista de sus objetivos en la mesa de negociación es sólo el más visible de muchos logros intangibles.  Esbozo apenas algunos que las generaciones que les preceden hemos acogido con particular entusiasmo, esperanzadas que nos ayuden a transformar la miasmática cultura política que envuelve al país hace medio siglo. Sigue leyendo

Que renuncien los líderes de la UPR

EDITORIAL DE EL NUEVO DÍA, 22 de junio de 2010

Los retos de altura que enfrenta la Universidad de Puerto Rico en el campo académico, en el ámbito administrativo y como tal en la protección de su futuro, requieren de la renuncia inmediata de su presidente y de la presidenta de su Junta de Síndicos, una salida que sería para la UPR una defensa preventiva de su integridad. La huelga que mantuvo cerrada la UPR por 60 días ha llegado oficialmente a su fin por decisión del estudiantado reunido ayer en Ponce bajo la dirección del Comité Estudiantil Nacional. Los estudiantes han evaluado el proceso y ratificado los acuerdos para dejar atrás una huelga histórica. La limpieza general iniciada por ellos era ya una metáfora de un tiempo nuevo que comenzaba a asomarse y que debe aflorar del todo.

Los estudiantes han hecho su parte con honor y rigor; toca ahora a la Administración asumir la suya, como primer paso, con la renuncia de sus principales directivos, José Ramón de la Torre e Ygrí Rivera, por el bien de la Universidad.

Como política editorial, durante el proceso huelgario nos mantuvimos siempre escuchando a las partes, brindando alternativas de consenso, de mediación, de diálogo, es decir, de protección de la Universidad más allá de toda otra consideración. Nos negamos a posiciones maniqueas de buenos y malos, que suelen ensombrecer más que aclarar los caminos. Tampoco quisimos caer en la rápida y superficial personalización de los conflictos.

Pero acabada la huelga, planteamos nuestra convicción de que el proceder del presidente de la Universidad y de la presidenta de la Junta de Síndicos, tanto en el interior de las negociaciones como en el ámbito de exposición publica, estuvieron dramáticamente distantes de lo que se espera de figuras en puestos de tan alta responsabilidad.

Si de algo dieron cátedra, en forma clara, antes de estallar y durante toda la huelga, fue de incompetencia.

Faltó algo tan básico como el ejercicio de la autoridad sin arrogancia, que sabe reconocer y tratar al otro como a un auténtico interlocutor; faltó visión para crear mecanismos garantizadores de mayor inclusión en el proceso de discusión; faltó el convencimiento básico de la autonomía universitaria frente a los tentáculos partidistas de todo tipo; faltó un talante natural para el diálogo que está basado en un apego innegociable a la verdad por encima de todo; faltó real aspiración al consenso, que implica la capacidad de ceder en lo secundario para asegurar lo fundamental; faltó un acatamiento elegante de los acuerdos finales como zapata necesaria para garantizar etapas y avances posteriores.

Faltó demasiado.

Sin duda alguna, tenemos que repartir responsabilidades dentro de este amplio reglón de ausencias, pero no es un secreto que el mayor peso recae sobre quienes presiden la Universidad y la Junta de Síndicos.

Es hora, igualmente, de que el gobernador Luis Fortuño aprenda la lección: el mejor servicio que puede dar un gobernante a esta magna institución, es garantizar creativamente los fondos para que crezca y madure en el tiempo; y mantener escrupulosamente, él y todo el Gobierno, una distancia consciente del acontecer cotidiano de la Universidad.

Es un imperativo que José Ramón de la Torre e Ygrí Rivera renuncien cuanto antes a sus puestos. El Gobernador debe, por su parte, devolverle la UPR a los universitarios para que tracen un nuevo rumbo desde sus propias fuerzas.

Sólo así la ratificación de los acuerdos y el fin de la huelga se convertirán realmente en el comienzo de un nuevo tiempo para la Universidad y en herramientas para evitar en el futuro nuevos conflictos.

La oportunidad está servida.

La agenda de los encapuchados

por José Rivera Santana
planificador y exdirigente estudiantil

Ya en el año 2008, la Coalición del Sector Privado, compuesta por un sector de los grandes empresarios locales y foráneos, recomendó públicamente “rebajar el subsidio de la Universidad (de Puerto Rico) y aumentar el costo de la matrícula”.

Ya en el año 2008, la Coalición del Sector Privado, compuesta por un sector de los grandes empresarios locales y foráneos, recomendó públicamente “rebajar el subsidio de la Universidad (de Puerto Rico) y aumentar el costo de la matrícula”. La mayoría de los integrantes de esa coalición de privilegiados actúa en el anonimato público. Como los encapuchados, ocultan sus rostros.

Sin embargo, sus propuestas para enmendar la Ley de Cierre, derogar el sistema de permisos, para privatizar agencias, desmerecer el servicio público y reorganizar el Gobierno central han sido complacidas por la Legislatura y el Ejecutivo. De su pliego de reclamos aún faltan dos asuntos importantes por satisfacer: la reforma laboral y la Universidad de Puerto Rico (UPR). Sigue leyendo

SOBRE LA UNIVERSIDAD Y LOS POLÍTICOS: RESPUESTA A YGRÍ RIVERA

por Zoraida Santiago Buitrago

Que no se llame nadie a engaño: los políticos nunca respetarán la autonomía universitaria, mientras la Universidad y el país se lo permitan. Para comprender las formas mediante las cuales los partidos políticos, a través de las estructuras del estado que controlan, ejercen efectivamente su poder sobre la Universidad, debemos identificar los lugares a través de los cuales se realiza ese ejercicio. Uno de ellos es el presupuesto. Es por esa razón que se determinó hace años que el presupuesto universitario se regiría por una fórmula invariable que evitaría que la institución fuera víctima de los deseos de los políticos. Pero nadie imaginó que algunos maquiavelos modernos inventarían el truco que daría al traste con la fórmula. Sigue leyendo

De Hollywood a Fortuño

Mi hermano Manolo ha divulgado un fragmento del discurso del Gobernador de Puerto Rico que me sirvió de pie forzado en mis las clases de redacción. El fragmento lee así:

“Nuestro mensaje a aquellos que están envenenando a nuestros hijos…matando a nuestros hermanos…y robándole la paz a nuestro pueblo…es bien sencillo: te vamos a buscar…te vamos a encontrar…y TE VAMOS A AJUSTICIAR”. – Gobernador Luis Fortuño (1 de febrero de 2010, mensaje a la Legislatura)

Varios de mis estudiantes se percataron del parecido de esta frase con una escena de la última película de Liam Neeson: