Publicidad y periodismo, ¿desde cuándo y hasta dónde?

El negocio de la publicidad ha buscado, incesantemente, formas innovadoras de comunicar. ¿Cómo se explica? ¿De qué manera interactúa con el periodismo?

“Periodismo es eso que se hace en los espacios libres que deja la publicidad”.

Gisela Busaniche nos acerca a este fascinante tema (aquí).

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screen-shot-2016-10-04-at-10-05-48-am(Ver también “Las líneas 900”)

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¿A celebrar con Juan Luis Cebrián?

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Me explican que la visita de Juan Luis Cebrián se debe a que se ofreció a dictar una charla por la coincidencia de encontrarse en estos días en Puerto Rico. Y que ante esa posibilidad se decidió inaugurar las celebraciones del 45 aniversario de nuestra Escuela de Comunicación con esta conferencia.

No quiero importunar a nadie, pero la Escuela debería tomar decisiones más a tono con los tiempos. Es muy penoso que nos sometamos dos veces en un mismo año al mismo grupo empresarial español que tiene tras de sí una estela inconfundible de alianzas con casi todo lo peor del capitalismo global. En fechas recientes, como para que no haya consuelo, se han aliado con las oligarquías latinoamericanas. Hace apenas unas semanas despidieron un grupo de periodistas por el hecho, entre otras razones, de vincular la empresa matriz con manejos turbios en el mundo financiero. La empresa que dirige, como si fuera poco, está atada a fondos buitre como Liberty.

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Tendencias en el periodismo año 2012

En las últimas semanas se han publicado un par de artículos que discuten los retos del periodismo contemporáneo para el año 2012. En el contexto de Puerto Rico, recomiendo el siguiente:

Predicciones 2012: tendencias en el periodismo y los medios

En este texto, Sandra Rodríguez Cotto hace un buen resumen de las zonas y procesos a los que debemos estar atentos. En los próximos días me propongo publicar un comentario más extenso sobre estas predicciones.

La llegada (y la “salida”) de internet al periodismo

Pascual Serrano nos entrega un extraordinario análisis de los alcances de las nuevas tecnologías, y, en particular, del periodismo digital. Su ponencia tuvo lugar en el Primer Encuentro Mundial de blogueros celebrado en Paraná, Brasil, del 27 al 29 de octubre de 2011.

Hoy la mayoría de los jóvenes no entienden el periodismo y la información sin internet. Yo pertenezco a una generación que ha vivido un experiencia excepcional, era un periodista alternativo antes de la aparición de internet y he ido viviendo en mi propia carne y en mi forma de enfrentar mi periodismo comprometido el desarrollo de la red, sus diferentes tecnologías, su evolución en la sociedad…
Quizás por todo ello quiero dejar constancia y rendir homenaje en estos tiempos de gloria de la red, al periodismo alternativo que ya existía antes de la implosión de internet: boletines escritos de muy difícil elaboración pero todavía más difícil distribución, radios libres combatiendo en los límites de la capacidad de emisión de sus antenas… Para que se hagan una idea, en aquellos tiempos, cuando yo tenía alguna idea o alguna información para algún texto o artículo iniciaba un via crucis entre las publicaciones alternativas de papel para ver en cual había sitio para mi trabajo. Cuando alguna la aceptaba, que no era siempre, es cuando lo escribía y su publicación suponía llegar a tres mil personas que era la tirada media de una de esas revistas.
Hoy es absolutamente diferente.

Ensayos puntuales de historia del periodismo

Debemos tomar nota de lo que se ha dicho de la “microhistoria” cuando nos enfrentamos a la tarea de escribir un ensayo corto sobre algún tema. La microhistoria concentra su mirada en sujetos e instituciones específicas sin pretender abarcar todo lo que “globalmente” significan esas relaciones sociales.

A continuación, la breve reflexión que hace la biblioteca de Educ.ar en torno a la “microhistoria”.

MICROHISTORIA

Estas nuevas concepciones de la historia plantearon un problema que no era nuevo pero que usualmente había sido poco atendido por los historiadores: la escala de observación para abordar un estudio significativo de los fenómenos sociales. La historia estructural empleaba una escala ampliada, de allí la denominación macrosocial; las objeciones epistemológicas de las que fue objeto mostraron las ventajas derivadas del uso de una escala reducida –micro– a fin de indagar las relaciones sociales concretas.

La microhistoria concibe el mundo social no como una estructura social de escala global, como por ejemplo el capitalismo, sino como un conjunto complejo de relaciones cambiantes dentro de contextos múltiples en permanente readaptación. Sin ignorar la existencia de un sistema capitalista, explora las racionalidades y las estrategias que ponen en marcha las comunidades, las parentelas, las familias, los individuos, dado que estima que la observación microscópica es capaz de revelar dimensiones no perceptibles desde generalizaciones inductivas. Para explicar este principio a través de un ejemplo, los cultores de la microhistoria reconocerían que los habitantes de una comunidad del mediooeste norteamericano y de un arrabal de París forman parte del mundo capitalista. Pero también dirían que ese hecho dice poco sobre ambos casos que son, evidentemente, muy diferentes. Por ello, la única manera de conocer efectivamente ambos casos es la atención particular y específica.

La propuesta microhistórica constituyó un éxito editorial; a partir de 1980 y por espacio de una década comenzó a aparecer en Italia la colección Microhistoria, editada por Einaudi y dirigida por G. Levi y C. Ginzburg; en ella se aplicaba esta perspectiva a la historia económica, social y cultural, lo cual es una muestra de la heterogeneidad de la producción y de las direcciones diversas en que se aplicó esta práctica historiográfica.

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Tomás Eloy Martínez: maestro del periodismo

por Ariel Dorfman
Sala de Prensa

Fue en diciembre de 1973, en la redacción del diario La Opinión, que me encontré por primera vez con Tomás Eloy Martínez, aunque la verdad es que ya nos habíamos leído y puede aventurarse que éramos de alguna manera amigos, con esa fidelidad lejana y feroz que suelen exhibir los lectores hacia un autor admirado. Eran tiempos nefastos. Yo había llegado la noche anterior de un Chile que le había prometido al mundo la revolución de Salvador Allende y nos había dado, en cambio, la asonada de Pinochet. Creo que se me notaban en el rostro y en los hombros las muchas y recientes muertes que cargaba– un aire fantasmagórico que me iba rondando y que Tomás no tardaría en discernir, él que era tan familiar con la muerte, de la que había sabido, hasta anoche, milagrosamente librarse. Sigue leyendo