SOBRE LA UNIVERSIDAD Y LOS POLÍTICOS: RESPUESTA A YGRÍ RIVERA

por Zoraida Santiago Buitrago

Que no se llame nadie a engaño: los políticos nunca respetarán la autonomía universitaria, mientras la Universidad y el país se lo permitan. Para comprender las formas mediante las cuales los partidos políticos, a través de las estructuras del estado que controlan, ejercen efectivamente su poder sobre la Universidad, debemos identificar los lugares a través de los cuales se realiza ese ejercicio. Uno de ellos es el presupuesto. Es por esa razón que se determinó hace años que el presupuesto universitario se regiría por una fórmula invariable que evitaría que la institución fuera víctima de los deseos de los políticos. Pero nadie imaginó que algunos maquiavelos modernos inventarían el truco que daría al traste con la fórmula.

Usando la excusa de un estado de excepción, es decir, de una crisis presupuestaria que lo justifica todo, incluso un estado policíaco, el partido en el poder impuso una ley que dejó el porciento intacto, pero varió la fórmula. Dado que el fondo general se redujo con la eliminación del arbitrio del 6.6%, al disponer que no se incluyeran en el cálculo del mismo los nuevos recaudos del IVU y otras disposiciones de la Ley 7, lo que se hizo fue reducir el porciento indirectamente a través de un mecanismo a todas luces diseñado para incluir a la Universidad en las reducciones presupuestarias sin tener que enmendar la ley, acción que hubiera levantado demasiada oposición.

El efecto dominó que esto tuvo sobre la operación de la Universidad ya se conoce. Como la soga parte por lo más fino, se implantó en el nuevo presupuesto la misma estrategia que se usó para limitar los gastos gubernamentales, afectando sustancialmente más a los recipientes de servicios y a los trabajadores que a los burócratas con altos sueldos. En las agencias gubernamentales, se cesantearon decenas de miles de empleados en las estratas más bajas de las agencias. En la Universidad, se pretende reducir el presupuesto afectando principalmente servicios a los estudiantes y condiciones de trabajo de los profesores y empeados no docentes. Sin embargo, los gastos en Presidencia, sobre todo los salarios de los burócratas, siguen intactos, e incluso aumentan sin explicación alguna.

El simulacro de autonomía queda en evidencia en estos días gracias a la forma en que la Junta de Síndicos, sobre todo a través de su Presidenta –los demás síndicos callan- se ha manifestado públicamente. Podría levantarse el argumento de que la Junta de Síndicos se ha abrogado más poderes que los que le confiere la ley. Este asunto se debería analizar más profundamente, pero es evidente que la Junta de Síndicos se ha erigido en estos días en el poder casi absoluto dentro de las estructuras universitarias. Prueba de esto es que el proyecto de presupuesto no se le entregó a la Junta Universitaria antes de ser sometido a la Junta de Síndicos. Simplemente se ignoró este paso, quedando patente que el propósito era mantener fuera de esa discusión a la comunidad universitaria que esta Junta representa.

Para realizar esta maniobra se contó obviamente con la complicidad de Presidencia. La imagen del Presidente De La Torre como el “muerto sentao”, como le han llamado los estudiantes, es gráfica en este respecto. De La Torre evidentemente se limita a actuar el libreto que le han escrito. Para el que tenga duda, sólo tiene que observar el vídeo de su primera conferencia de prensa, y de la mayoría de las que ha dado durante el presente conflicto. A su lado, omnipresente y vigilante, la Lcda. Ygrí Rivera, quien incluso llega a contestar por él las preguntas que le formula la prensa, cuando él las contesta de forma dubitativa. Pero la figura de esta señora es digna de una mirada más detallada. Ygrí Rivera se ha comportado durante este período con una arrogancia y un desparpajo impresionantes. Ha pretendido negociar con un grupo de personas a quienes por otro lado persigue e insulta públicamente. ¿A qué tipo de persona se le ocurre negociar con alguien a quien a la misma vez está acosando, persiguiendo y denigrando? Por otro lado, la percepción que tiene esta funcionaria de su trabajo en la Junta de Síndicos pone en evidencia las grietas en la Ley Universitaria que imposibilitan un verdadero ejercicio de autonomía. Ella entiende que la Junta de Síndicos existe para imponerse sobre la comunidad universitaria, no para velar por su salud fiscal. La negativa a abrir los libros y ofrecer información detallada de la operación financiera universitaria es evidencia contundente de esto. La Junta de Síndicos no está supervisando, está tomando decisiones que le corresponden a la comunidad universitaria. Pero el cinismo mayor se dio en su reacción a informes de que el profesorado en pleno de los once recintos, reunido por primera vez en su historia, exigió su renuncia. En un acto de arrogancia e incultura absolutas, pretendió ningunear este reclamo aduciendo que los profesores y profesoras del sistema universitario no teníamos que exigirle ninguna renuncia, porque nosotros no la nombramos. Al hacerlo, despejó ella solita toda duda de su ineptitud para ostentar la responsabilidad que ostenta. Porque no la habremos nombrado, pero tenemos pleno derecho a exigirle que renuncie antes de que destruya lo que por décadas el trabajo de profesores y profesoras, estudiantes y trabajadores de este importantísimo centro educativo hemos construido. Esa autoridad moral nadie nos la quita.

Pueden implantar leyes quitándonos poderes legales, como sin duda están próximos a hacer; pueden intentar callarnos con amenazas, pero jamás nos quitarán el derecho de defender nuestra universidad de cínicos e ignorantes como ella, que no saben mirar a su alrededor y situarse en el momento histórico que viven para reconocer que sólo daño pueden hacer si persisten en aferrarse a su pequeñita parcela de poder. Los docentes, al igual que lo están haciendo los estudiantes, defenderemos los espacios de poder que necesitamos, y que la Lcda. Rivera pretende negarnos, para continuar haciendo de nuestra Universidad un lugar de producción de conocimientos, discusión y acción libre, democrática y participativa que contribuya a construir un mejor país. Eso es lo que la Junta de Síndicos que ella dirige pretende evitar. Y tenga cuidado la licenciada, no sea que frente a su intransigencia, a los ya justos reclamos de los estudiantes y los profesores, se añada uno más. Y es el de que por su demostrada incapacidad como negociadora de buena fé, se le exija al Gobernador Luis Fortuño su destitución y reemplazo como condición para seguir conversaciones. Es más, es mi consejo a los estudiantes, a mis colegas y a toda la comunidad universitaria. Porque mientras sea ella la que dé el frente, fracasaremos una y otra vez en encontrar soluciones, y la Universidad no puede darse ese lujo. Es responsabilidad de la Junta de Síndicos terminar con este estado de impasse y abrir los espacios de poder que reclama con absoluto derecho la comunidad universitaria en las decisiones que determinarán el futuro de la Universidad de Puerto Rico. Son ellos, los síndicos, lidereados por la Lcda. Rivera, con su intransigencia y su afán de imponer a la fuerza los proyectos políticos del partido en el poder, y violando continuamente el principio de autonomía universitaria, los que ponen en peligro no solamente fondos federales y acreditaciones, sino también el patrimonio artístico, científico y cultural que guarda la Universidad.

Que sean conscientes los síndicos que sobre ellos, y no sobre los estudiantes, recaerá la responsabilidad de estas pérdidas. Que caiga sobre ellos nuestra más enérgica condena.

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