Crisis y oportunidad en el periodismo: ¿cuál es nuestra respuesta?

Comparto con ustedes este escrito. Naturalmente, como casi todos los de su género, peca de algunos recortes violentos inevitables.

30 de marzo de 2009

Comité de Personal
Escuela de Comunicación
Recinto de Río Piedras
Universidad de Puerto Rico

Estimados colegas:

En este año de 2009 cumplo unos 22 años de servicio a la comunidad universitaria. Comencé mi participación laboral como periodista y cofundador del periódico Diálogo en 1986. Poco antes me había graduado de la Escuela de Comunicación. Mi vida adulta ha transcurrido, pues, vinculada a la Universidad de Puerto Rico.

Me gradué de la maestría de COPU en 1986 y en 1980 del Bachillerato de Estudios Generales. Ingresé a la UPR en 1974 desde uno de sus contornos más interesantes: el Colegio Universitario de Humacao, que desde entonces hasta ahora tendría la peculiaridad de juntar a científicos notables del campo de las llamadas ciencias naturales con humanistas de gran calado. Bebí de esa fuente, y la atesoro tanto como la experiencia de iniciar mis estudios en un recinto pequeño y alejado del área metropolitana, con todas sus provincianas ocurrencias y sus particulares formas de afecto e intercambio personal. Tuve amistades de todo tipo. Unos estudiaban de día y de noche practicaban la bohemia con asombrosa puntualidad. Conocí también la generosidad incondicional.

Durante mis dos años en Humacao disfruté de almuerzos gratis, junto a otros militantes estudiantiles, a cuenta de uno de los empresarios más prósperos del área. Un juez cascarrabias y paranoico me puso en la cárcel por varios días, mientras otro, también criado en Humacao, logró convencerle de liberarnos. Creo que es la primera vez que un juez visita en la cárcel a un líder estudiantil para demostrarle su apoyo.

Abandoné la idea de estudiar biofísica a fuerza de algunos tropiezos burocráticos. Mi mudanza al Recinto de Río Piedras me llevaría al programa más prometedor de la institución, el Bachillerato en Estudios Generales, donde finalmente me gradué. De manos de dos profesoras católicas bastante conservadoras conocí lo mejor de la filosofía universal.

La huella de esos días se hizo profunda, no necesariamente por mi buena memoria sino más bien por virtud del desencuentro permanente de perspectivas entre aquellas profesoras sabias y generosas, y este muchacho —yo— que saltaba a conclusiones rápidas y, en consecuencia, intelectualmente débiles. Mis profesoras de filosofía me enseñaron a pensar. De ahí en adelante el paisaje universitario me resultó grato, edificante en el sentido hostosiano, y no sólo un lugar de desencuentros.

Terminé mi maestría en COPU para la que escribí dos tesinas. Allí dejo registrado dos vertientes de mis preocupaciones intelectuales y profesionales. Una de las tesinas trata de explicar los niveles de circulación de un periódico de izquierdas mediante el principio de la “gratificación”, una categoría analítica privilegiada en esos tiempos. Los resultados de la investigación derrotaron estas premisas teóricas y reconocieron en cambio las contingencias de orden político y económico como los factores de más fuerza explicativa. La otra tesina se dedicó a trazar un perfil histórico del periódico CLARIDAD. Historia e investigación teórica sobre la influencia de los medios de prensa y sus condiciones de producción y recepción son, desde entonces, mis dos grandes líneas de trabajo académico.

Para mí la docencia es un lugar de aprendizaje y renovación constante. En lugar de someternos a currículos estancos, todo indica que los procesos educativos del futuro estarán más vinculados que nunca al devenir económico y tecnológico. Eso es particularmente cierto para las disciplinas asociadas al periodismo y la comunicación. La enseñanza del periodismo, por eso mismo, debe marchar por varios carriles virtualmente complementarios e integrados: por uno pasa la docencia, que debe estar atenta a los cambios en el mundo profesional sin menoscabar la musculatura teórica de sus estudiantes. Por otro carril pasa la comunidad, a quien se le debe prestar apoyo intelectual y práctico en el terreno de la comunicación pública y sus aplicaciones concretas, sobre todo en aquellas actividades que potencian la participación y la democracia. Pienso en las comunidades carentes de poder e influencia. Y por otro lado pasa la investigación, el lugar quizá más ninguneado por las ideologías que animan un mundo sin horizonte moral ni responsabilidad social.

Docencia, servicio a la comunidad e investigación, en el contexto de una conciencia democrática y democratizadora, son tres dimensiones que deben integrarse en una experiencia educativa y universitaria coherente. Existe hoy demasiada disparidad entre los recursos que se le dedican a cada una, y eso es preocupante.

La Escuela dio un ejemplo de autonomía e iniciativa propia en la experiencia de LAJOTA durante el año 2008. Se hizo una revista con un perfil claramente juvenil, abierta a experimentar con formas y géneros, y sobre todo, decidida a buscar lo original en lugar de practicar lo sabido. La primera gran revista digital de estudiantes de COPU en todo el sentido, intercalando modos de hacer y de pensar en la red. No parecía un suplemento de ningún diario puertorriqueño.

A juzgar por el conservadurismo que han demostrado, hubiera sido difícil para LAJOTA sobrevivir en la prensa comercial como se proyectó originalmente. El lema de la gerencia de El Nuevo Día “good… is enough” marca los límites de una ideología por definición anti-universitaria o, por lo menos, anti-intelectual.

¿Qué se puede esperar de las empresas periodísticas que no tienen afán de excelencia, que consideran lo suyo lo único bueno y puro?

La prensa existente es un grupo empresarial con muy poco sentido crítico. Eso es lo que ha quedado demostrado con la aplastante maniobra de censura que ha pesado sobre el reciente documental de Zona Franca “Un diario amable”. Lo que indica, a mi juicio, que no estamos frente a un caso aislado de necedad burguesa, sino frente a una política cada vez más dura de parte de los empresarios de consolidar sus medios a la medida de sus intereses corporativos, en evidente menoscabo de su responsabilidad periodística, ética y social.

Entramos también a una época de inestabilidad y conflictos. Se ha visto ya en WKAQ Univisión, Univisión Canal 11, EL Vocero, The San Juan Star y Telemundo. El propio Nuevo Día es un propietario que ha echado a la calle más de 40 empleados y mantiene una lealtad laboral a base de la intimidación.

A la inestabilidad de los medios por fuerza del impacto de las nuevas tecnologías digitales se une la incapacidad de las empresas para el cambio. Ahora les resulta difícil, si no imposible, comprender un mundo donde hay más actores y menos capacidad para controlar las variables de flujos de información y demandas laborales. Las nuevas tecnologías permiten proyectar un mundo co-mu-ni-ca-do sin la presencia abrumadora, asfixiante, de los grandes jugadores de siempre. Se multiplican los jugadores y se reducen los costos de los flujos informativos por Internet, por lo que nos estamos acercando a un campo de prensa descentralizado, hostil por antonomasia al monopolio y los privilegios.

La languidez de El Vocero y la falta de alma de otros medios prueban la indeseabilidad de la intimidación y el mollero como formas de control laboral. Algunos teóricos apuestan por las empresas que son capaces de tolerar la crítica y adoptar los cambios con ánimo democrático. La otra ruta, hasta ahora individual, es el exilio, abandonar los medios de prensa tradicionales y montar nuevos proyectos sobre un nuevo modelo empresarial con participación ciudadana.

Veremos en Puerto Rico una combinación de todas estas opciones como, de hecho, ya hemos sido testigo varias veces en los últimos dos años. La pregunta es: ¿qué debe hacer la Escuela de Comunicación en este contexto?

La Escuela debe proponerse formar los mejores y los más astutos, los más educados en la deontología democrática del periodismo y los más capaces en el conocimiento general de las tecnologías, de modo que sean los más aptos tanto para el empleo tradicional como para el que puede surgir de emprendimientos originales. Hay que sembrar vocación, desarrollar inteligencias, practicar con el ejemplo la dignidad profesional y prestar más servicios de valor a la sociedad.

El año próximo se cumplirían 120 años de la fundación de La Correspondencia de Puerto Rico. Convocados inevitablemente a la crisis del modelo de periodismo en boga desde entonces, concierne a la Escuela hacer trabajo de investigación puntual y teórica de las consecuencias de ello y sus posibles opciones.

Hay toda una trama relacionada a la calidad de la democracia y de país, de mundo y de horizontes políticos y económicos que no puede dejarse de lado. La crisis del capitalismo a escala planetaria propone un debate que trasciende las disciplinas. Y en ese sentido la Escuela de Comunicación tiene también una grave responsabilidad de respuesta y acción.

Respondo así a la convocatoria para la plaza en Periodismo y aprovecho para comunicarles mi interés en formar parte de la facultad permanente de esta Escuela.

Agradecido, siempre, queda,

Cordialmente,

Luis Fernando Coss PhD

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